La ira, emoción desagradable y paralizante de todo razonamiento posible, como la culpa. ¿Por qué sentimos ira? Cuando algo para nosotros no funciona, algo no va bien, se «tuerce», nos descolocan las circunstancias, etc, nos lleva a la frustración y entonces elegimos enfurecernos en algunos casos, sí, ELEGIMOS, uno decide enfadarse o no, pero también podemos aprender a gestionar y canalizar dicha ira.

Primero observemos si nos compensa dicho estado de ira: alteración de la tensión arterial, ésta se dispara; afecta al estómago (úlceras); dolor de cabeza; palpitaciones; temblores; estamos «fuera de control»; agotamiento emocional…

¿Eres de los que se guardan la ira para sí mismo? Te estás enfadando por tanto contigo mismo logrando así unos niveles altos y poco funcionales de gran ansiedad, por tanto, dicho estado no te está sirviendo para nada buen, todo lo contrario, te está perjudicando.

No estoy hablando de enfados, muestras de desacuerdo, etc…, todos tenemos derecho a sentirnos contrariados, pero el problema llega cuando pasamos a un estado de furia, rabia, ira donde perdemos el control y hemos sobrepasado nuestro límite.

Prueba a aplacar las sensaciones que poco a poco empiezan a dispararse, si eres consciente de qué piensas y cómo te sientes cuando empiezas a sentirte furioso, aplaza dicho estado uno o varios minutos, aísla a la ira.

  • «Estoy en un atasco…empiezo a sentirme muy furioso y querría empezar a pitar al de delante…»
¿De qué me sirve aquí la ira?,¿voy a llegar antes a mi destino?, ¿me voy a sentir mejor?… Déjala de lado escuchando música, recordando algún momento positivo de la semana, acuérdate de una persona a la que quieras, etc. No solucionarás el atasco pero sí tu malestar.
¡Rebaja tu tensión emocional, aplaca la ira!.

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