Aprender a decir lo que quieres

Muchas veces decimos en consulta, que lo mejor para obtener lo que quieres es decir lo que quieres. 

La frase parece sencilla, la tarea no lo es. Primero, porque decir lo que quieres no tiene por qué ser sinónimo de decir lo que quieres como realmente te gustaría decirlo. Y, segundo, porque que sea lo mejor para obtener lo que quieres no quiere decir que siempre lo consigas. 
Obtener lo que quieres es un juego matemático de probabilidades, con la suerte de que la mitad de las variables depende de ti. Un ejemplo: si siempre me toca quitar a mi la mesa en casa, y quiero que me ayuden, voy a tener más posibilidades de conseguir lo que quiero si no lo pido ofuscado (por no decir otra palabra). Puede que si lo digo «ofuscado» lo consiga en el momento, pero solo en ese momento. Puedo crear más probabilidades de éxito a largo plazo si manejo bien mis variables. 
Es importante cómo suena tu petición. Sí, hay que ser un buen actor para sonar amable cuando estás enfadado. Lo bueno es que se puede entrenar. Todo se puede aprender. 
De todas formas, lo mejor que puedes controlar son las palabras que escoges para realizar tu petición. Hay palabras que dañan, que son agresivas y ponen al otro en un estado de alerta… esas palabras no las uses. También es importante que en tu petición dejes libertad de elección, pues la presión hace que el otro se sienta incómodo y bajan las probabilidades de que haga lo que quieres. Por otro lado, tendemos a hacer las peticiones en segunda persona y de forma interrogativa: «¿te importaría hacer…?». Este tipo de petición es evasiva y fuerza al otro; y cómo ya hemos dicho la presión no es buena para nuestro objetivo. Los profesionales del lenguaje recomiendan hacer peticiones en primera persona: «me gustaría», «quisiera», «querría»..Estas palabras acuden a nuestro oyente como una llamada a la autoestima: tienes una oportunidad de hacer algo que luego te reconocerán y nadie te obliga, vas a ser la mejor persona del mundo (recreación exagerada de lo que inconscientemente sucedería en la mente de un ser humano normal). 
¡Ojo! Otra forma sutil de forzar es dar explicaciones de tu petición sin que te las hayan pedido. Responde amablemente a las preguntas que te planteen pero no comiences a explicarlo todo por tu cuenta (recuerda: la presión no es buena). Al responder no fuerzas al otro, le sirves, contestas a su demanda, y esto hace que tenga más disposición en aceptar la tuya. 
Y un último punto importante, piensa a quién le vas a hacer qué petición, hay gente «tóxica» o «joyitas» que es mejor no pedirles ni fuego. 

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