Educar en emociones

Quiero tratar la importancia que tiene el aprender a detectar emociones, gestionar, modificar aquellas que nos sean disfuncionales y «saborear», vivir las funcionales, en definitiva, aprender a escucharlas todas.

Las emociones nos enseñan, nos hablan, nos informan de cómo nos encontramos, de cómo estamos. Mi objetivo con el post de hoy es mostrar cómo se detectan, cómo se pueden manejar, ver qué nos quieren decir y quiero verlo desde la perspectiva de los niños, cómo podemos educarles en este tema.

  • Aprendamos a escucharnos: como bien decimos Paula y yo a lo largo de todas las entradas del blog, según pensamos, así sentimos y actuamos, estos tres elementos están interconectados y se influyen mutuamente. Para aprender a escuchar la emoción primero, hay que conocerla, vamos entonces a identificarla. Si estamos con niños, podemos por ejemplo dibujar caras con diferentes expresiones y preguntarles qué emociones creen que sienten dichas caras. Yo con mi sobrino de cuatro años por ejemplo, le pregunto por cómo cree que se sienten los dibujos que aparecen en los libros que leemos juntos o por la calle en el parque, los niños que vemos, así identificamos varios estados emocionales y aprendemos a empatizar con el otro.

No olvidemos que los adultos somos modelos de conducta, de razonamientos y de emociones.

Una vez que hemos detectado la emoción, vayamos más allá.

  • A trabajar: preguntemos al otro cómo se siente (una vez detectada ya la emoción). Voy a contar una situación que me llamó la atención en un cumpleaños infantil, estaba un niño que vino llorando a donde estaban sus padres, yo vi como una amiga de él venía acompañándolo llorando ella también, le pregunté qué le pasaba y ella me dijo que estaba triste (cómo se sentía), le pregunté cuál era la razón por la que estaba así (pensamiento), me contestó que le ponía triste ver a su amigo llorar, no le gustaba verlo así, ¿cómo podemos arreglarlo, qué podemos hacer para que te sientas mejor? le dije yo (alternativa, gestión de la emoción), que se venga a jugar conmigo respondió. Si os fijáis, no le quité importancia al asunto o «ninguneé» sus sentimientos con un «venga no pasa nada, a jugar», os invito a hablar, preguntar qué ocurre y ver cómo se puede resolver la situación, cómo la resuelven ellos en este caso.
Con esto quiero hacer ver cómo podemos manejar y trabajar las emociones desde bien pequeños, primero identificando nuestras emociones, validándolas; segundo, ver qué nos quieren decir dichas emociones; tercero, trabajándolas, enseñando a transformar las emociones disfuncionales (rabia, ira, baja tolerancia a la frustración, etc) propias y ajenas, generando soluciones y alternativas a la situación problemática o bien potenciando, viviendo aquellas emociones funcionales, positivas, por ejemplo cuando tu hijo te regala un dibujo, no consiste tanto en valorar o evaluar ese dibujo sino, expresar nuestra emoción, nuestro agradecimiento en este caso:
  «Gracias hijo/a por el dibujo, me hace mucha ilusión, es un detalle muy bonito.»
Estas indicaciones se pueden generalizar al mundo adulto, recordemos los pasos:
  1. Identifico emoción.
  2. ¿Qué pasa, qué pienso, qué siento y qué hago?
  3. Transformo la emoción disfuncional, ¿cómo puedo hacer para sentirme de x forma?, ¿cómo podría pensar de forma alternativa? ó  bien potencio, «saboreo», reparo en la emoción funcional, por ejemplo:
«Me siento contenta porque estoy compartiendo este rato libre con mis amigos viendo una peli en el cine.»
Eduquemos también en emociones 😉

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