Estrés y comida: atracones

Casi todos hemos tenido un día en el hemos comido más de lo que debíamos, a deshoras, y, normalmente, comida no muy saludable. Luego, cuando volvíamos a la cocina para tirar el envoltorio o dejar el plato, nos hemos sentido culpable y hemos pensado, «pero, ¿por qué me he comido eso?». 

El estrés es uno de los factores mas importantes que influye en que queramos aumentar la ingesta de alimentos emocionales. El comer emocional es comer, no por hambre, o por necesidad, sino porque las emociones provocan ciertos cambios que nos producen ese «hambre» raro. Algunas de las causas de este comer emocional, son: 
  • Estrés: cuando estamos sometidos a largos periodos de estrés o a estrés muy agudo, se produce un aumento de una hormona llamada cortisol. El cortisol lo que hace es aumentar en nivel de glucosa en sangre, para que tengamos más energía rápida disponible, y así nos sea fácil «escapar del león» (no debemos olvidar que somos animales y nuestras emociones han sido desarrolladas evolutivamente, así que la función del estrés es ayudarnos a escapar de un peligro inminente). Por eso nos da por comer dulce o hidratos, porque son fuente de glucosa, lo que nos pide el cortisol. Este mecanismo útil evolutivamente, hoy en día es una razón del sobrepeso de nuestra sociedad. ¡Qué nos lo pida, no quiere decir que lo necesitemos!
  • Nerviosismo o aburrimiento: a veces, cuando estamos nerviosos o aburridos, nos da por mover la boca: nos ponemos las uñas, rechinamos dientes, comer…. una de las razones, es porque para mover al boca hay que mover muchos músculos, y esto supone una autoestimulación para el cerebro. 
Para evitar esto, analicemos porque vamos a por el chocolate o la bolsa de patatas, busquemos nuestro objetivo, veamos si podemos hacer algo y cómo, y darle una solución, aunque sea mentalmente, nos ayudará a controlar ese estrés y a bajar nuestro impulso de comer. 
Otro truco: los impulsos con instantáneos, así que si nos da por comer, intentemos retrasarlo 30 minutos. Así, el impulso perderá fuerza. Y lo que comamos lo saborearemos más. 

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