Excusas

¿Por qué nos justificamos? El dar explicaciones de todo a todos ¿en qué posición nos deja, de qué nos sirve?

Creemos muchas veces estar en la obligación de dar razones sobre lo que hacemos o pensamos pero…¿quién nos obliga?, la necesidad de aprobación de los demás, nuestra inseguridad, nuestro ansia por llegar a nuestro ideal de perfección…¡STOP! ¿esto nos conduce a algo o nos es útil?

No podemos (y no sería recomendable) estar en todo y para todos en todo momento, asumiendo esto y que el ideal de perfección es poco probable que se alcance nos evitaríamos quebraderos de cabeza inútiles y ganaríamos en bienestar emocional, no habría lugar para la dichosa culpa, la preocupación excesiva que deriva en ansiedad y tristeza, frustración, angustia.

Buscamos las explicaciones para calmar dicha culpa, nuestro querer agradar a los demás, que nos acepten buscando su aprobación.

  • «No puedo dejarte esta vez el coche porque resulta que mi hermano me ha pedido que le ayude con su mudanza.»
  • «El otro día me comporté como una tacaña y no te invité al refresco porque resulta que he tenido que arreglar la lavadora y no llego a final de mes.»
El hecho de estar excusándonos continuamente nos puede llevar a un estado de agotamiento que es resultado de ese «tener que» dar motivos y razones de todo lo que hacemos, decimos o pensamos. Empecemos por aprobarnos a nosotros mismos, no veamos en cada situación a la que nos enfrentemos o hecho cotidiano como una evaluación, un examen por parte del otro o incluso por parte de nosotros. Nadie nos debería exigir razones, excusas sobre por qué hacemos o dejamos de hacer, es nuestra vida y actuamos según nos parezca.
Ofrece justificaciones cuando lo desees pero no porque lo sientas como una obligación o bien como una exigencia de un tercero.
No te excuses, ¡apruébate!

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