¿Cómo gestionar la separación o divorcio con hijos? Respondiendo dudas

Vivir en una familia donde los padres están conviviendo en la misma casa, pero ya no son pareja, implica que la estabilidad de la familia ya ha sido alterada. Cuando una pareja decide separarse, es porque las cosas ya no van bien, y eso lo percibe el menor.

Muchas veces al tomar la decisión de divorciarse, sobre todo si se hace de forma civilizada, supone darle a tu hijo/a la estabilidad que, en estos momentos, no está teniendo.

Los horarios, las rutinas y la participación de ambos padres en la crianza de los hijos se pueden mantener, separados o juntos, divorciados o casados. Y, si la pareja está en una situación en la cual el divorcio se plantea como una realidad, el ambiente de crianza suele verse también enrarecido. Por lo que, realmente, no estás alterando la estabilidad, sino intentando que esta aumente y sea de mayor calidad.

 

¿Cómo puedo explicarle a mis hijos que nos vamos a separar?

Explicarle a un hijo que sus padres se van a separar se debe de hacer con un lenguaje acorde a la edad del menor. Muchos ya conocen de cerca lo que supone que unos padres se separen, al tener amigos con padres divorciados. Cuanto mayores sean, más conscientes serán de lo que supone esta nueva situación, por lo que tendrán más preguntas, y se deberían responder a todas de la forma más sencilla y sin menospreciar al otro progenitor.

Por otro lado, cuando los niños son más pequeños, van a entender menos lo que la separación de sus padres conlleva, así que habrá que explicarle cómo se va a llevar a la práctica. En este sentido, los primeros días serán los más importantes, debiendo establecer las nuevas rutinas, donde el niño debe participar activamente, e intentando que las mismas sean lo más parecidas en ambos domicilios, así como que pueda mantener contacto como hasta ahora lo ha tenido con ambos progenitores. Todo esto ayuda a que el niño procese su nueva situación familiar y, aunque es lo ideal, también es lo más difícil para los padres.

 

¿Qué inquietudes le van a surgir y cómo puedo dar respuestas a las mismas?

A cada menor le surgen distintas dudas y en distintos momentos. Responder a todas, de forma tranquila y serena, adaptando el lenguaje a su edad, le dará seguridad y confianza. Una de las posturas en que más hincapié hay que hacer es que, aunque sus padres ya no estén juntos, él o ella va a seguir teniendo a los dos, y los dos le siguen queriendo como antes.

 

¿Seré capaz de mantener su equilibrio emocional?

Su equilibrio emocional depende de ambos progenitores. Lo ideal es que ambos sigan el mismo estilo de crianza, mantengan las mismas rutinas en los dos hogares, y los padres sean un mismo equipo entorno al menor. Para conseguir eso, en el proceso que conlleva el divorcio hay que separar la relación de pareja de la de padres.

Ahora bien, y tras nuestra experiencia con los clientes, esta situación ideal no es siempre lo que nos encontramos en el despacho.

En gran parte de las ocasiones, cada progenitor sigue un estilo de crianza diferente, lo que hace que el menor se desestabilice emocionalmente, sobre todo los primeros días de cambio de hogar. En estos casos, mi consejo es que se les dé espacio para poder desahogarse, y no tomar de forma personal lo que pueda pasar los primeros días. Darle este espacio de seguridad, en el que el niño se pueda expresar, implica un desahogo para el menor. Cuanto más pequeño sea, antes reacciona al ambiente, por lo que también su adaptación al cambio de hogar es más rápida. Pero si es mayor, nota más la confrontación de estilos de crianza, y sufre sus consecuencias, no sabiendo cómo actuar, ya que puede llegar a sentir que si actúa en casa uno de los progenitores igual que en casa del otro, se están posicionando en un bando y no quieren hacer daño a ninguno de los dos. Además, hay que tener en cuenta que, en ocasiones, intentará imponer lo que más le beneficia de ambos estilos en los dos hogares, sobre todo, en la adolescencia.

 

¿Cómo estructuro la relación con los abuelos para que no entren en críticas ni la alteren con temas de conversación de la separación?

La relación con los abuelos es muy beneficiosa para los menores, pero los abuelos deben saber cuál es su papel. Su papel

no es un rol activo en la separación de la pareja, sino es un rol en la crianza del menor, y esto implica que deben mirar por el bienestar de los nietos. Controlar los comentarios y actitudes de los abuelos es responsabilidad de cada uno de los progenitores.

Esto no implica que no se hable en absoluto de la otra parte, ni que se convierta en un tema tabú. Se debe hablar de ambas partes de forma natural, sin entrar en la crítica, y siempre a demanda del menor. Es tan fácil como interesarse por lo que el menor nos cuenta, sin llegar a opinar, con afirmaciones como: ”¿y después que pasó?”, “¿y cómo lo hicisteis?”, “¡Ala, qué chulo!”, etc.

 

¿Cuál es la mejor actitud con el colegio para un seguimiento adecuado?

Normalmente, los colegios tienen un protocolo de actuación en caso de divorcio de los padres. Ambos progenitores deben involucrarse en las tareas, actividades y reuniones del colegio. Lo mejor, que haya una comunicación fluida entre profesores y padres, y esta conversación se pueda realizar con ambos padres a la vez. Si no es así, por diferentes causas, lo importante es que no se oculte información del colegio a la otra parte.

 

Cuando el niño/a nos cuenta cosas de la casa del otro progenitor,

¿cómo debemos actuar?

Hablar de papá o mamá en casa del otro no debería ser tabú ni implicar sentimientos negativos. Por eso se debe realizar una escucha activa, sin juzgar, interesándose por lo que nuestro hijo/a nos está contando pero sin dar nuestra opinión ni juzgar. Importante: tampoco con la mirada ni con gestos. Hay que tener en cuenta que para el menor sus padres ya no son una pareja, pero continúan siendo su familia.

 

Si no me gusta lo que me cuenta, ¿debo intervenir o me debo mantener al margen?

Si se puede intervenir, pero ni a través del menor, ni delante de él. La situación ideal es poder hablarlo directamente con la otra parte, de forma asertiva y llegando a acuerdos. Otra opción es a través de los abogados.

 

¿Cómo puedo evitar enfrentamientos delante de mi hijo/a?

Lo primero de todo, es acordándolo con la otra parte: los temas que tengáis que hablar, se hablan sin el menor delante.

Si la otra parte insiste en ocasiones, un simple “luego lo hablamos” debería ser suficiente.

Pero hay situaciones en las todo se complica, y nada de esto es suficiente. En estos casos, armarse de paciencia y seguir el refrán de “dos no discuten si uno no quiere” es lo mejor para el menor. En estas situaciones, los abogados ya suelen estar involucrados, y si la otra parte no colabora, la mejor solución es consultarlo con ellos y aplicar técnicas de control de estrés en el día a día.

 

¿Cómo se responde a las preguntas de “por qué” de tu hijo/a?

Los menores suelen tener muchas preguntas. Es recomendable siempre responderlas, y hacerlo de forma serena y tranquila, adaptando el lenguaje a la edad que tengan, nunca entrando en criticar al otro progenitor, y siempre remarcando que pase lo que pase ambos le seguirán queriendo.

Poder expresar cualquier duda a sus padres les otorga a los menores seguridad, tranquilidad y les ayuda a comprender y procesar su nueva situación familiar.

 

¿Cómo se responde a las inquietudes que le surgen a tu hijo/a por los comentarios de profesores o familia directa o indirecta?

No podemos evitar que terceros le hagan algún comentario, afortunado o no, a nuestro hijo/a. Estos comentarios puede que le generen dudas o inquietudes al menor.

Si hemos establecido un ambiente de confianza y seguridad en casa, lo más seguro es que nuestro hijo/a nos comente con toda normalidad lo que le inquieta y qué cosas le han dicho hoy en el colegio, en casa de los abuelos, de los tíos o dónde se haya producido estos comentarios. Cómo ya hemos mencionado, lo importante es responderle, de forma sincera y serena, mirando por el bien del menor, adaptando el lenguaje a su edad y sin entrar en criticar las actuaciones o actitudes del otro progenitor. Cuantas más respuestas tenga y más información, mejor sabrá manejar los comentarios de terceros, bien a la hora de procesarlos, de saber cuánta importancia debe darle a cada uno de ellos o bien para saber responderles de una forma adaptativa.

 

Cuando tu hijo/a lo único que quiere es que volváis a uniros,

¿cómo explicarle que eso no va a ocurrir?

Que vuestro hijo muestre deseos de que volváis a estar juntos, realmente es una exteriorización de lo que echa de menos, bien porque las rutinas hayan cambiado, por tener que aguantar ahora algún comentario de terceros que todavía no sabe cómo afrontarlo, o porque es consciente de que ahora hay una mala relación entre sus padres, y experimenta emociones al respecto: tristeza, miedo, inseguridad…

Lo primero que debemos hacer es explicarle que eso no va a pasar, y que no pasa nada porque no pase. A esto le llamamos “normalizar la situación”.  Es muy importante que el niño/a entienda que es una situación normal, y le mandemos mensajes de que no se es diferente por tener los padres separados.

Después debemos analizar la situación, para ver qué es lo que le está produciendo sentimientos de inseguridad, que le producen que lo exteriorice de esta forma.

Si las rutinas han cambiado drásticamente, además de que son completamente diferentes en casa de uno y otro progenitor, lo que debemos hacer es tomar medidas para minimizar esto al máximo. Las rutinas son importantes porque aportan seguridad al menor. Las rutinas, al ser conductas repetitivas, consiguen que el menor sepa qué es lo que va a ocurrir, eliminando uno de los factores de estrés con gran carga en la infancia y adolescencia: la incertidumbre.

Si el menor está siendo sujeto de comentarios de terceros, debemos intentar atajar estos comentarios. Los comentarios no sólo tienen que ser sobre él/ella, sino sobre la situación familiar, o sobre lo que hacen los padres, etc. Además de atajarlos en la medida que nos sea posible, debemos intentar que nuestro hijo/a adquiera las herramientas y habilidades necesarias para saber procesar estos comentarios sin que le afecten a su seguridad.

Si el/la menos está siendo consciente de la mala relación entre sus padres, hay que analizar por qué, en qué momentos esta mala relación se hace visible para el menor y erradicar esos momentos.

Hay otra situación en la que puede darse que nuestro/a hijo/a muestre un gran interés en que sus padres vuelvan a estar juntos, y es que el/la menor tenga una edad comprendida entre los 4- 9 años. En estas edades, los niños fantasean y suelen pedir un hermano, una mascota, y en el caso de que los padres estén separados, que vuelvan como pareja. Esto sucede porque en estas fases los niños empiezan a ser conscientes de la variedad de familias que existen, y quieren “probar” todas alguna vez. Es solo una fase y debemos entenderla como tal si ninguna de las otras opciones está presente. En el caso de que sea así, lo único que hay que hacer es explicarle que no puede ser, igual que harías si te pidiese un hermanito/a o una mascota.

 

¿Cómo luchar con la negación de la situación de tu hijo?

La negación es parte del duelo, por lo que no hay que luchar contra ella.

Cuando los padres deciden separarse, los/las hijos/as pasan por un proceso de duelo ya que han perdido un tipo de familia. Las fases del duelo, son iguales para todos los duelos, y se debe pasar por todas. Cada persona pasa de forma diferente, más lenta o más rápida, pero todos pasamos por todas las fases. Un duelo normal, en el que no haya complicaciones, puede durar hasta 6 meses, y comienza cuando se nota la ausencia de aquello que se ha perdido, es decir, no cuando se le comunica que sus padres se van a separar, sino cuando es consciente de que las cosas ya no son cómo eran antes.

Las fases, incluida la de negación, no hay que evitarlas o luchar en su contra, sino que hay que facilitarlas para que se resuelvan de la forma más rápida y eficaz. Por ello, es bueno crear un clima donde el/la menor pueda expresarse sin ser juzgado, y se sienta comprendido mediante la escucha activa de sus progenitores.

Las fases del duelo son (Klüber-Ross, 2010-2017):

  1. Fase de Negación. Negarse a sí mismo o al entorno que ha ocurrido la pérdida
  2. Fase de Enfado, Indiferencia o Ira: Estado de descontento por no poder evitar la pérdida que sucede. Se buscan razones causales y culpabilidad.
  3. Fase de Negociación. Negociar consigo mismo o con el entorno, entendiendo los pros y contras de la pérdida. Se intenta buscar una solución a la pérdida a pesar de conocerse la imposibilidad de que suceda.
  4. Fase de Dolor Emocional (o depresión). Se experimenta tristeza por la pérdida. Pueden llegar a sucederse episodios depresivos que deberían ceder con el tiempo.
  5. Fase de Aceptación. Se asume que la pérdida es inevitable. Supone un cambio de visión de la situación sin la pérdida; siempre teniendo en cuenta que no es lo mismo aceptar que olvidar.

Como conclusión, lo más importante es hablar con los niños, explicarles la nueva situación y lo que esta conlleva, pero de una manera que ellos entiendan y no se sientan diferentes a los demás. Un ambiente cordial entre los padres es el mejor escenario posible para que los hijos en común acepten la separación y empiecen a aceptar el cambio en su familia.

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