La familia en la educación de los niños

El objetivo de la educación de los niños es que se puedan integrar en la sociedad en la que viven. Dada esta definición, es obvio el papel fundamental, básico e imprescindible que cumple la familia en la consecución de este objetivo, ya que la familia es la primera «pequeña» sociedad con la que se encuentran los niños. 

Hay millones de modelos familiares y todos deben suponer un espacio donde se experimenten los valores básicos de la sociedad que queremos construir, para que los adultos del mañana los puedan absorber y saber como comportarse con sus congéneres. 
La familia debe ser el marco en el cuál el niño se sienta seguro para experimentar. Sólo así conocerá el significado de los límites, del respeto, de la tolerancia, dándoles cuidado y seguridad.  
La única forma de que nuestro hijo se atreva a experimentar es que la familia le proporcione un apego seguro, atendiéndole en los momentos de angustia, tranquilizándole, y demostrando que la familia es sensible a sus necesidades. Las normas deben ser las mismas, esté el niño con el miembro de la familia que esté. Explicarle las cosas cuando pregunta, con un lenguaje adaptado a su edad, es darle seguridad; dejarle descubrir parte del mundo que le rodea por sí solo, como qué es una mariposa, o la sensación de la espuma en su mano, es comenzar a darle autonomía; decirle que no puede hacer algo porque es peligroso y se puede hacer daño, es enseñarle límites. 
Todo esto se traduce en que la familia, la componga quien la componga, debe estar atenta del niño, dándole libertad para experimentar y atendiéndole cuando se angustie o traspase límites. Así, el día de mañana nuestros hijos serán adultos seguros de sí mismos, y tendrán la capacidad de luchar por todo lo que quieran. 

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