Resiliencia: crecer en la adversidad

Todo el mundo conocemos a alguna persona que en su peor momento, resurge cuál ave fénix y, no solo alcanza el punto en el cuál estaba antes de que le ocurriera eso tan horrible, sino que incluso se ha superado así misma. Eso es la resiliencia más pura. Pero todos podemos ser resilientes en nuestro día a día.

La palabra resiliencia viene de un concepto físico y metalúrgico: se utiliza para referirse a la capacidad de los metales de resistir un impacto y recuperar su estructura original. Posteriormente se ha incluido en psicología, para indicar el proceso por el cuál somos capaces de recuperarnos y avanzar después de haber sufrido un hecho traumático.

Pero realmente la resiliencia no solo podemos aplicarla para hechos traumáticos. En nuestro día a día, cometemos errores, pequeños y grandes, o podemos fracasar en algún proyecto personal o profesional que nos hayamos propuesto. Esos errores y fracasos, los podemos usar a nuestro favor: aprendiendo de ellos y considerándolos una oportunidad para nuestro éxito: ya sabemos que ese no era el camino, aumentando nuestra posibilidad de elegir el correcto. Y si nos vemos capaces de analizar nuestro error, también aprenderemos qué nos llevó a cometerlo, y esto nos va a ser útil para nuevos futuros proyectos.

De todo se puede sacar una enseñanza, algo que nos enriquezca y eso es crecer.

Si, ademas, gestionamos correctamente las emociones negativas, el miedo, la incertidumbre y la ansiedad, las podemos transformar en ilusión. Una ilusión que inundará nuestros nuevos proyectos.

Tropezar sólo es síntoma de que estás avanzando en tu camino. 
Vuélvete, mira con qué tropezaste, sacúdete las rodillas
y sigue avanzando. 
Con esa piedra no volverás a tropezar. 
Y puedes aprender a saltar las demás. 

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